Nuestros antepasados dividieron los signos en cuatro
grupos a los que llamaron de la misma manera que los cuatro elementos
que, según creían, formaban el universo: Tierra, Agua, Aire y Fuego. Cada
uno de estos grupos muestra qué herramienta psicológica utilizará el individuo
para conocer la realidad y manejarse con ella.
Tierra: Su herramienta principal es la sensorialidad. Este grupo
conoce a través de lo que le informan sus sentidos: el tacto, la vista,
el oído, etc. Cree en lo que ve, en lo que palpa; por ello es fundamentalmente
práctico.
Aire: Su principal herramienta es la mente. Desconfía de sus sentidos
ya que estos pueden equivocarse; cree más bien en lo que su razonamiento
dicta. Son los grandes teóricos del zodíaco.
Agua: Conoce a través de lo que siente; de las emociones que le
provocan los sucesos. Quien tenga una mayoría de planetas en signos de
agua se moverá en el mundo de la sensibilidad.
Fuego: Establece el mundo a través de las relaciones de poder.
Su principal preocupación es la dominación del entorno, de ahí que se
hable de voluntad.
Por todo ello, si ponemos ante una persona un objeto desconocido, según
tenga una mayoría de planetas en tierra, fuego, aire o agua se comportará
de una manera diferente.
El individuo con mayoría de tierra averiguará qué y como es a
partir de su apariencia externa; para qué sirve o qué utilidad se le puede
dar.
El de aire, se preguntará en qué categoría lo puede incluir; cómo
ha sido hecho, cómo es por dentro. Intentará relacionarlo con otros objetos
similares.
El de agua se preguntará qué siente ante él: miedo, entusiasmo,
desagrado.
Y el de fuego, intentará hacer que funcione porque así lo decide.