• 31 Ene 2006

    Sexo Adolescente en el Colegio



  • Los cuatro muchachos entraron en aquel salón de clases con una sonrisa maliciosa en sus caras. No podían creer lo mucho que iban a disfrutar ver a uno de ellos, Esteban, pagar la penitencia que habían acordado, para aquel que perdiera en su improvisado entreno de volleyball...


    Ese día el entrenador no había podido asistir. Los muchachos se enteraron tarde y tuvieron que esperar en el colegio hasta que se terminara la jornada escolar. Afortunadamente tenían sus uniformes de entreno: las camisetas, los tenis y las cortas pantalonetas rojas, características de su equipo. No tuvieron otra opción que inventarse un juego para entretenerse y entrenar un poco. Un juego donde iban ganado puntos y, al final, el que menos puntos tuviera tenía que atravesar por el castigo que Esteban estaba a punto de vivir. Para realizarlo escogieron un salón de clases bastante retirado que no sería utilizado el resto del día.


    Mario: Seguro que no va a entrar nadie ahora? No quiero que nos interrumpan la humillación que va a vivir Esteban – Preguntaba Mario entre risas. Él era el menos disciplinado del grupo y siempre tenía algún toque de rebeldía. Por ejemplo, aprovechando que el entrenador no estaba, Mario se había quitado su camiseta para jugar, aunque en el colegio les estuviera prohibido hacerlo.


    Andrés: Nadie va a venir ahora, ya todo el mundo se fue, solo nos quedamos los de volley y los de natación. Pero esos están bien lejos – respondió Andrés, el cómplice de Mario en todos sus actos de indisciplina.


    Mario: Ok bueno, hagamos esto rápido, yo me quiero empezar a reír ya.


    Andrés: Si listo. Cierra la puerta Esteban y ven para acá.


    Mario, Andrés y Camilo se encontraban de pie en una esquina del salón. Esteban cerró la puerta de entrada y antes de acercarse a sus amigos dio un último vistazo a las ventanas revisando que nadie se acercara por el pasillo.


    Esteban: Bueno muchachos, esto lo hago por la promesa, pero que se quede entre nosotros solamente listo?? Puedo confiar en ustedes?? – Advirtió Esteban a sus amigos en un tono serio.


    Mario: No hay ningún problema jajaja – le aseguró Mario al tiempo que se burlaba – todo depende de ti y que aceptes tu castigo tal y como lo planeamos jaja.


    Todos los muchachos se reían. Sus caras reflejaban la malicia de aquel castigo. Sus cuerpos, cansados por el juego, aun transpiraban y se tensionaban con las leves risas que les provocaba el pensar en lo mucho que disfrutarían "humillando" a Esteban. Este, a su vez, se mostraba algo consternado pero no mucho, al parecer no le molestaba mucho tener que cumplir su parte.


    Mario: Bueno yo pienso que uno de nosotros debería pararse en las ventanas a vigilar que nadie venga, y luego nos turnamos.


    Camilo: Ok, yo me paro primero a vigilar mientras ustedes empiezan.


    Camilo se paró frente a los cristales sin quitar la vista de sus otros tres compañeros que se quedaron en la esquina. Él era el mas serio de los cuatro, y el más atractivo también.


    Mario: Bueno, empiezas tu Andrés o empiezo yo.


    Andrés: Yo empiezo jejeje, déjame disfrutar esto desde el principio. A ver Esteban, arrodíllate.


    Ante las indicaciones de su compañero, Esteban se arrodilló, obediente, y levantó su cara para observar los gestos maliciosos de sus amigos. Aunque estaba algo nervioso, por instantes se reía con ellos.


    Mario: Bueno Andrés empieza, dale rápido antes que alguien llegue.


    Andrés se agachó rápidamente y retiró sus tenis dejándose las medias blancas puestas. Posteriormente rodeó el resorte de su pantaloneta roja y la delizó por sus piernas donde los bellos empezaban a crecer y los músculos a tomar las formas de los músculos adultos, siendo suaves aun. Se deshizo de su pantaloneta y la dejó en el suelo. Se incorporó nuevamente y tomó el resorte de sus pantaloncillos. Miró a Mario como buscando una última aprobación y empezó a deslizarlos por sus piernas.


    Esteban se fijaba en lo bien que se veía su compañero en pantaloncillos. Eran blancos, ni cortos ni largos, algo húmedos en los extremos por el sudor de su juego.


    Andrés fue bajando sus pantaloncillos ante la mirada cómplice de sus amigos y los ojos temerosos y curiosos de Esteban. Su verga, relajada, con la cantidad exacta de pelos y blanca como la piel que cubría sus pantaloncillos, fue quedando descubierta. No le importaba, muchas veces se había desnudado frente a sus amigos en los lockers. Por su parte, para Esteban resultaba algo interesante ver a su amigo desnudo desde la altura que lo hacía, su cara y su boca quedaban al mismo nivel de los jóvenes genitales de Andrés. La camiseta de Andrés cubrió entonces parte de sus genitales.


    Una vez se deshizo de sus pantaloncillos, los sostuvo en sus manos volteándolos al revés. Llevando la parte de adentro hacia afuera. Después identificó la parte frontal, donde unos segundos atrás descansaba su verga, y la apoyó sobre la palma de su mano.


    Andrés: Listo Esteban? Jajaja, cierra los ojos jajaja.


    Todos los muchachos rieron y Esteban cerró sus ojos obediente, como siempre. Andrés llevó sus pantaloncillos hacia la cara de Esteban y, sin dar ninguna espera, empezó a sobarlos por la cara del muchacho mientras Mario se retorcía de la risa y Camilo observaba atento sin dejar de vigilar por las ventanas.


    Esteban trató de no respirar al principio, pero fue inútil, necesitaba aire. Tuvo que respirar y sentir el olor de los pantaloncillos de su amigo. No le disgustó lo que vivió, era un olor no muy fuerte, algo así como un leve sudor. Esa sería la misma sensación que sentiría si su cara estuviera entre las piernas de Andrés. Con ese pensamiento, Esteban experimentó una leve erección que su pantaloneta disimulaba. Para Esteban, cumplir esa penitencia era un reto a su pudor, pero no era ningún castigo, el lo sabía desde el principio y estaba empezando a disfrutarlo.

    Mario no aguantaba la risa. Esa penitentica la había inventado él mismo, le parecía que era lo más bajo a lo que un hombre podría llegar: sobar por toda su cara los pantaloncillos usados por otro hombre. Le causaba mucha gracia. Al reír tensionaba sus abdominales y su pecho, resaltando los músculos de su joven y marcado cuerpo.


    Mario: Bueno ya, ya Andrés, suficiente, déjalo respirar que ya me toca a mi jaja.


    Andrés: Ok jaja, Esteban, nada rencores, era todo por la penitencia – dijo Andrés a Esteban mientras retiraba los pantaloncillos de su cara y le extendía su mano en señal de amistad.


    Esteban: no hay problema jaja, yo se que me lo gané. Mejor apúrate Mario que quiero salir de esto ya.


    Mario: Vigila bien Camilo que no venga nadie, yo quedo mas expuesto que Andrés


    Camilo: Si tranquilo pero dale rápido.


    La preocupación de Mario radicaba en que él no tenía camiseta y, excepto por las medias, estaba a punto de quedar totalmente desnudo.


    Mario bajó su pantaloneta rápidamente mientras con sus pies empujaba sus tenis. Pronto quedó en ropa interior. Esteban lo observó por un momento con algo de disimulo. Sin duda alguna tenía el bulto mas grande que el de Andrés y un poco más de pelos. Tenía un cuerpo más musculoso sin dejar de ser delgado y atlético, y sus piernas se veían mas gruesas y marcadas también.


    Camilo seguía vigilando y observando la escena. Andrés se estaba vistiendo nuevamente. Mario se armó de valor y se deshizo rápidamente de sus boxers ajustados quedando totalmente desnudo frente a sus compañeros. Involuntariamente levantó de manera un poco exagerada su piernas para deshacerse totalmente de sus boxers. Sus amigos pudieron ver como su gran verga y sus guevas se balancearon con este movimiento. No le importaba su desnudez, era rutina casi diaria caminar desnudo en las duchas con sus amigos mientras se azotaban sus cuerpos con las toallas mojadas. Esteban observaba con menos disimulo ahora que todos tenían algo de prisa.


    Mario: Ahora si Esteban, vas a oler a un macho de verdad jajaja – dijo Mario mientras se reía y miraba con cara de complicidad a Andrés y Camilo.


    Acomodó bien sus boxers para dejar la parte de adentro hacia fuera y, cubriendo la cara de Esteban con ellos, empezó a sobarlos. Hizo énfasis en la nariz y en la boca de su amigo.


    Esteban trataba de no abrir la boca aunque deseaba hacerlo para probar el sabor de los genitales de Mario, así fuera a través de sus pantaloncillos. Pero, de hacerlo, quedaría en evidencia ante sus amigos. La sensación sería algo así como hacerle sexo oral a Mario. Por su parte Andrés observaba con una sonrisa maliciosa lo que hacían sus compañeros y Camilo vigilaba mientras veía la escena de su compañero denudo sometiendo a Esteban quien, de rodillas, parecía estar concentrado para soportar su "castigo".


    Andrés: Bueno suficiente, ahora le toca a Camilo. Ya Mario!

    Mario se detuvo y empezó a vestirse de nuevo.


    Mario: No me vas a odiar por esto Esteban jaja, también hubiera podido ser yo el que viviera el castigo jaja.


    Esteban se sonreirá y pensaba que eso no hubiera podido ser posible. Desde que definieron el tipo de castigo para el perdedor, se había "propuesto" tener el menor puntaje en ese juego.


    Andrés: Bueno Camilo, dale, dale rápido.


    Camilo: No muchachos mejor dejemos tranquilo a Esteban, yo creo que ya fue sufici...


    Mario: No para nada! El castigo tenemos que hacerlo los tres, fue lo que convinimos – interrumpió Mario.


    Esteban estaba en silencio, permanecía arrodillado. No podía creer que se iba a perder de disfrutar del "castigo" de Camilo. Era el más atractivo de sus tres verdugos. Alto, delgado, fuerte, con facciones varoniles y ojos tiernos. Su pelo liso enmarcaba su cara. Estaba deseando el contacto con su ropa interior desde el primer momento que decidió perder el juego para vivir el "castigo".


    Mario: Que pasa Camilo, mejor dale rápido antes que alguien pase por aquí.


    Aunque tenía sus motivos para no participar del castigo, Camilo aceptó de mala gana. Caminó hasta ponerse de frente a Esteban y de espaldas a sus otros dos compañeros. Se deshizo de sus tenis. Tímidamente bajó su pantaloneta cuidando siempre que su camiseta cubriera su bulto. Tiró su pantaloneta al suelo. Posteriormente se incorporó y levantó un poco su camiseta para bajarse los pantaloncillos. En ese instante, Esteban pudo ver por una fracción de segundo el bulto de Camilo y se enteró de lo que estaba pasando: Camilo tenía una erección. Esteban decidió permanecer en silencio.


    Camilo estaba listo para bajarse los pantaloncillos cuando...


    Camilo: No muchachos, no voy a hacer esto. – dijo Camilo en un tono severo.


    Mario: Pero que pasó??!! Eres muy tímido Camilo, hubieras dicho desde el principio que no lo harías y nosotros lo hubiéramos castigado más tiempo – respondió Mario un poco disgustado.


    Andrés: Bueno, no importa, vámonos ya, vamos a tomar algo a la cafetería.


    Mario: Si, yo voy contigo, ¿Ustedes vienen muchachos?


    Esteban: Yo no, primero voy al baño a lavarme la cara – respondió Esteban mientras se ponía de pie.


    Camilo: Yo me visto y acompaño a Esteban. Luego nos vemos con ustedes – Camilo estaba algo molesto, muy serio.

    Mario y Andrés salieron del salón de clases. Camilo seguía cuidando que su camiseta cubriera su tenso bulto. Esteban estaba de pie frente a él.


    Esteban: Bueno y que pasó contigo Camilo? Me imagino que no habrá sido compasión por mi jaja


    Camilo: Jaja no, para nada, es solo que no se, no me sentía cómodo desnudándome delante de todos y en un salón de clases jaja.


    Esteban: Bueno, si, eso no es cómodo...pero si te avergüenzas por el tamaño.. no tienes nada de que preocuparte por lo que veo jaja – Dijo Esteban mientras, en un movimiento atrevido, levantaba la parte frontal de la camiseta de su compañero, dejando al descubierto su bulto.


    Camilo reaccionó doblándose hacia delante para cubrir nuevamente su bulto.


    Camilo: Que te pasa Esteban!!, no te digo que me da pena – gritó Camilo bastante molesto.


    Esteban: Bueno tranquilo, tranquilo, perdoname, a todos se nos puede parar en un mal momento jaja, no te preocupes. Mejor vístete y me acompañas al baño.


    Esteban fingió no darle más importancia al tema de la erección de su amigo. Camilo terminó de vestirse y los dos se dirigieron al baño.


    Camilo: Bueno, pero tienes que agradecerme porque al menos te libré de oler los míos no?


    Esteban: Jaja, pues nada, hubiera preferido que me tocara los tuyos en lugar de uno de los otros.


    Camilo: Y por que dices eso?


    Esteban: No se, me parece que tu eres más limpio que los otros dos - Esteban se contenía para decirle que en realidad era él quien más le gustaba.


    Camilo: Bueno, pero igual, por muy limpio que sea no creo que hubieras tenido ningún interés en oler mis pantaloncillos. Ni los de Andres, ni los de Mario!! Que tal como te los pasaban por la boca!!!


    Esteban guardó silencio y luego le dijo.


    Esteban: En realidad...que sea un secreto para los dos...no es que me llame la atención pero al final tenía algo de curiosidad. Estuve a punto de abrir mi boca cuando Mario me pasó sus pantaloncillos.


    Camilo: Hubieras sido capaz?


    Esteban: Si hubieran sido los tuyos si abro la boca...jaja


    Camilo: Jaja – río Camilo pensando que Esteban bromeaba.


    Los muchachos entraron al baño. Este estaba dividido en dos secciones por una pared. En la primera sección había cinco cabinas con sanitarios y, al fondo, estaba la segunda sección con 5 lavamanos y una banca. Camilo se sentó en la banca y recostó su espalda contra la pared mientras esperaba a que su amigo se lavara la cara.


    Esteban: Oye Camilo, pero lo que te dije es secreto por favor, no le vayas a contar a los otros dos que tenía curiosidad...


    Camilo: No, tranquilo...aunque sigo sin entender como hubieras podido hacer eso...me imagino que fue un impulso del momento no?


    Esteban volvió a guardar silencio, levantó su cara del lavamanos y miró a su amigo por el espejo. Con un gesto de seriedad y algo de temor, Esteban caminó hasta pararse frente a Camilo y mirándolo a los ojos le dijo:


    Esteban: No lo se, era algo de momento pero no pude hacerlo, me quede con esa duda.


    Camilo guardaba silencio.


    Esteban: Yo tampoco voy a comentar nada de tu erección Camilo, eso se prestaría para comentarios no te parece?


    Camilo: Si, mejor no digas nada.


    Esteban: Y si yo te pido algo, y no te parece bien, simplemente me dirías que no y guardarías el secreto también?


    Camilo: Que pasa Esteban, que me vas a pedir? - respondió Camilo algo nervioso y mirando a su amigo con extrañeza.


    Esteban se armó de valor y sin titubear le dijo:


    Esteban: Si te pido que me dejes oler tus pantaloncillos, me dejarías?


    Camilo abrió sus ojos como nunca antes, pero no pudo sostener su mirada en la de Esteban quien ahora lo miraba fijamente.


    Esteban: Dale Camilo, no pasa nada, es solo por curiosidad. – animaba Esteban a su amigo.


    Camilo: Pero es que no se para que quieres...además que pasa si alguien entra aquí...y además a mi me tocaría quitarme los zapatos y la pantaloneta otra vez y...- Le decía Camilo en medio de su confusión.


    Esteban: No nada de eso - dijo Esteban arrodillándose en el piso frente a su amigo. A esta hora no hay nadie aquí, tu lo sabes...


    Camilo guardaba silencio.

    Esteban: Dale Camilo, ni siquiera tienes que pararte de la banca, solo te levantas un poco y los deslizas por tus piernas, yo me arrodillo para olerlos y listo, no pasa nada.


    Camilo lo pensó por unos instantes. No sabía que hacer, pero finalmente Esteban había notado su involuntaria erección en el salón y le intimidaba un poco que no fuera a guardar ese secreto.


    Tímidamente siguió las indicaciones de Esteban. Se apoyó en la banca con una mano para levantar un poco su cuerpo y, sentado como estaba, deslizó con su otra mano la pantaloneta por sus piernas, llevándola hasta la mitad de sus muslos. Arrodillado frente a él, Esteban la tomó y bruscamente la bajó por las piernas de su amigo hasta doblar por sus rodillas y dejarla a la altura de sus pantorrillas.


    Una vez hecho esto, Esteban levantó su mirada. Sin parpadear por la excitación observaba las piernas medio abiertas de su amigo y, en el fondo, su bulto blanco tras el cual se ocultaba su verga que adivinaba grande, blanca, hermosa. No podía ver todo el bulto pues la camiseta de Camilo lo cubría casi hasta la mitad, pero podía imaginar sus dimensiones.


    Esteban: Dale Camilo, desliza ahora tus pantaloncillos, mas o menos a esta altura - Esteban le indicó que los deslizara justo hasta sus rodillas.


    Camilo miró a Esteban quien permanecía en silencio y, después de dar un suspiro que sonó a resignación, levantó un poco su cuerpo apoyando sus piernas en el piso y su espalda en la pared. Con una mano deslizó sus pantaloncillos por sus piernas mientras que con la otra iba cubriendo su verga con su camiseta. Lo hizo de tal forma que Esteban no pudo ver nada de su verga en ese momento.


    Esteban: Eso es - le decía Esteban, quien hablaba en voz muy baja ahora.


    Esteban estaba ansioso y muy excitado, casi no esperó hasta que su amigo soltara sus pantaloncillos para él tomarlos con sus manos y deslizarlos hasta las rodillas. Una vez estuvieron allí, no lo pensó dos veces. Acercó su cara hasta ese pedazo de tela lleno de significado erótico y hundió su nariz y su boca en la superficie donde hasta hace unos segundos reposaba el pene de su amigo.


    Camilo observaba como Esteban olfateaba con ansiedad y suspiraba como si le faltara el aire. Sentía que estaba haciendo algo prohibido, pero también sabía que toda la situación de esa tarde no le era del todo indiferente. Ahora su pene estaba mas duro que nunca, sentía que estaba jugando al sexo con un amigo y eso, para el virgen muchacho, era algo que implicaba excitación aunque los hombres no fueran de su agrado.


    Esteban dedicó unos minutos a olfatear los pantaloncillos de Camilo. Después, sin previo aviso, y ante los ojos asombrados de Camilo, abrió su boca, sacó un poco su lengua y la llevó por toda la prenda impregnándose del sabor de los genitales de su amigo. Para Esteban la ropa interior era una especie de fetiche y si podía tener acceso a ella, mientras su atractivo amigo la traía puesta, era aun mejor.


    Lamió con unas ganas que nunca había sentido. Su propio pene estaba a punto de explotar pero no se atrevía a tocarlo para que Camilo no percibiera su nivel de excitación. La escena era extraña pero erótica: Camilo sentado en la banca sobre su culo desnudo, con su pantaloneta y sus pantaloncillos en sus rodillas y las piernas algo abiertas. Esteban, arrodillado frente a Camilo, con su cara hundida entre sus rodillas mientras disfrutaba del olor de su ropa interior.


    Cuando sintió que había trabajado demasiado en esos pantaloncillos, Esteban levantó su cara y miró a Camilo serenamente. Camilo lo estaba observando y tenía un gesto serio. Esteban le sonrió con complicidad y dirigió su mirada a lo que ahora tenía enfrente suyo: entre las piernas de su amigo podía apreciar perfectamente sus guevas. Esteban no podía dejar pasar la oportunidad y en un comentario atrevido le dijo:


    Esteban: Casi no tienes pelos en tus muslos no?


    Camilo: No... me salen pocos pelos en las piernas - respondió Camilo en voz baja y con un evidente nerviosismo.


    Esteban estiró entonces su mano entre las piernas de su amigo y tocó la cara interior de sus muslos como apreciando la carencia de pelos mientras seguía comentando.


    Esteban: Y tus guevas, tampoco te salen muchos o te las afeitas?


    Mientras preguntaba esto, Esteban llevó dos dedos a tener contacto con las guevas de su amigo como si estuviera explorándolas también. Camilo permaneció inmóvil. Esteban se atrevió un poco más y con su mano abarcó las guevas de su amigo dándoles un leve masaje con la excusa de sentir los pocos pelos que tenían. Al contacto de la mano de Esteban con sus guevas, Camilo cerró levemente las piernas como en un impulso por impedir ser tocado en sus partes íntimas.


    Esteban entendió que debería actuar rápido si quería ir un poco mas allá. Subió un poco su mano pasándola más arriba de sus guevas donde se encontraría con el pene duro de su amigo. Llevó su mano por debajo de la camiseta de Camilo y tomó la base de su pene mientras le preguntaba sin alejar su mirada de los genitales de su amigo:


    Esteban: Todavía la tienes dura?


    Camilo detuvo la mano de Esteban y cerró más sus piernas pues la situación le causaba temor. Se quejó diciendo:


    Camilo: Esteban que estás haciendo?...


    Pero Esteban fue más rápido. Sin importarle ya la reacción de su amigo, le levantó su camiseta descubriendo su gran verga. Estaba dura y un poco inclinada a la derecha, pero Esteban no se detuvo a observarla. Continuando con su movimiento, levantó su cuerpo inclinándolo hacia Camilo y llevó su cara a aquella verga que metió en su boca con una pericia única de alguien que tenía todo fríamente calculado. Con su otra mano presionó sobre la pierna izquierda de su amigo, convenciéndolo de quedarse sentado en la banca.


    Camilo: Esteban no, que estás...


    Entonces Camilo se quedó sin palabras. Lanzó un suspiro y cedió un poco en su intento por detener a Esteban. No podía creer lo que estaba pasando y no sabía si debía salir corriendo o quedarse allí, inmóvil. Pero su mezcla de nervios con excitación hicieron que su cuerpo no respondiera inicialmente y, para cuando quiso reaccionar, estaba gozando de una buena mamada, algo difícil de dejar pasar.


    Esteban había tomado a su amigo con fuerza y, sin dejar de darle el mejor sexo oral, presionaba mas sus muslos para que Camilo se relajara sobre la banca. Camilo estaba atrapado y Esteban había logrado su cometido.


    Pasaron unos segundos en los que la confusión fue disminuyendo. Ahora solo se escuchaba el sonido que producía la boca de Esteban al succionar con cierta dificultad la gran verga de Camilo. Esteban no podía creer que al fin estaba saboreando el pene de su amigo directamente y no a través de sus pantaloncillos. El pene de Camilo era amargo, como cualquier otro pene, no sabía a nada. Pero, para Esteban, el saber que era el pene del más atractivo de sus amigos, la parte mas intima del cuerpo de ese hombre, lo convertía en un verdadero manjar...El pene de otro hombre, el acto prohibido y que ahora realizaba a escondidas en complicidad con su amigo. En fin, el sabor era indescriptible, las sensaciones eran únicas y todos sus sentidos gozaban. Su gusto era saciado por el la verga de Camilo, su olfato por el olor a hombre que emanaba de su zona íntima, su oído por los suspiros ahogados pero sinceros e involuntarios que lanzaba su amigo y su tacto por el masaje que ahora le practicaba en sus guevas y en sus piernas.


    Camilo estaba confundido pero no podía pensar mucho. Las sensaciones que le traía la tibia boca de Esteban y su húmeda lengua eran un fuerte distractor. Eso, sumado al riesgo al que estaban expuestos al estar en un baño público del colegio, convertía esa experiencia en lo mas intenso que el joven había vivido.


    Esteban seguía mamando sin parar, succionando con fuerza, llevando todo el pene de su amigo hasta el fondo de su boca y sacándolo de nuevo para jugar con su glande. Cada vez que Esteban pasaba su lengua por la punta del hermoso y gran pene de Camilo, sentía como su amigo liberaba mas cantidades de presemen, de ese líquido lubricante que es sinónimo de excitación. Camilo estaba en un viaje de placer y Esteban sabía que pronto alcanzaría el orgasmo.


    No pasó mucho tiempo antes que Esteban sintiera como Camilo tensionaba sus piernas más de lo normal y empezaba a suspirar. Era claro que en unos segundos su amigo empezaría a eyacular y a vivir el momento mas intenso de esa tarde. Pero Esteban no quería que ese encuentro terminara. Llevó su boca una vez mas por todo el pene de su amigo y luego lo dejó libre.


    Esteban se puso de pie frente a su amigo. A la altura de la cara de Camilo quedó el enorme bulto que se escondía tras la pantaloneta de Esteban. Camilo observaba atónito los movimientos de su amigo. Esteban, sin retirar su mirada de éxtasis de los ojos de Camilo, bajó su pantaloneta hasta llevarla a la mitad de sus muslos. Posteriormente deslizó sus pantaloncillos liberando su verga que podría ser tan grande como la de Camilo. Su glande estaba húmedo ante la excitación de su cuerpo. Clavando sus ojos aun mas en los de Camilo, Esteban empezó a masturbarse despacio y a suspirar.


    Esteban agitaba su verga a pocos centímetros de la cara de su amigo. No lo iba a presionar, esperaba que él entendiera el mensaje. Tras unos segundos, Camilo reaccionó de la forma esperada por Esteban. Ubicando suavemente una mano en la pierna derecha de Esteban, Camilo acercó su cara a la verga de su amigo. Esteban la soltó y observó los movimientos de Camilo.


    Este abrió su boca y cerró sus ojos. Sin esperar mucho, llevó su boca a la verga de Esteban y empezó a succionar torpemente tratando de imitar el sexo oral que Esteban acababa de darle.


    Esteban suspiró al contacto con la boca de Camilo y llevó su cabeza hacia atrás cerrando nuevamente sus ojos. Camilo no lo hacía nada mal para ser un principiante, pero Esteban sentía como su verga necesitaba ser cubierta en su totalidad. Puso una mano en la nuca de Camilo y, acariciando su hermoso cabello, la subió hasta tomar su cabeza por detrás. Posteriormente ejerció algo de presión llevando la cabeza de su amigo hacia su cuerpo. Primero levemente y después con mas fuerza, disminuyendo la presión de vez en cuando para que Camilo tomara el ritmo de la mamada.


    Transcurrieron unos instantes de total excitación entre los muchachos. Camilo había logrado tragar casi completa la verga de Esteban, para luego soltarla y repetir el movimiento. Esteban respiraba suave pero profundamente mientras recibía la mamada de su amigo.


    Después de unos minutos, Camilo liberó la verga de Esteban y reclinó su cuerpo hacia atrás recostándose en la pared. Esteban bajó su mirada y se encontró con los ojos de Camilo quien había empezado a masturbarse. Esteban acomodó su ropa nuevamente y se arrodilló frente a su amigo para ayudarle en su camino final hacía el orgasmo.


    Sin esperar mucho tiempo, volvió a acercar su cara a los genitales de Camilo. Llevó su boca hasta llegar a las guevas de su amigo y las empezó a lamer para ayudarle a Camilo en su paja. Con sus manos abrió las piernas de Camilo para poder acercar mas su boca y abarcar las dos guevas. Después de unos instantes estaba "comiendo" frenéticamente las guevas de su amigo quien se masturbaba sin detenerse.


    Camilo agitaba su pene con fuerza. Quería completar el trabajo que la boca de Esteban había dejado empezado en su verga. Con la ayuda de los juegos de Esteban en sus guevas, y del sexo oral que le había dado antes, Camilo estaba al borde del orgasmo. Lanzó un último suspiro y se entregó al placer final.


    Inmediatamente Esteban levantó su cara y tomó la verga de su amigo. Casi arrebatándosela la dirigió a su cara. Las primeras cargas de semen estrellaron el extasiado rostro de Esteban mientras este seguía moviendo el pene de Camilo para extraer más de su esencia. Su amigo se retorcía sobre la banca, elevaba sus caderas e hinchaba su pecho con su respiración agitada. Esteban estaba prolongando su orgasmo. Camilo tensionaba sus brazos y sus pectorales, y su torso se endurecía con cada contracción de su cuerpo. Uno a uno, todos los disparos de semen fueron recibidos por el paciente y resignado rostro de Esteban, como si ello fuera una parte mas del castigo que habían iniciado en el salón de clases.


    Finalmente, Camilo relajó sus músculos y dio a entender que su orgasmo había pasado. Esteban lo miró a los ojos pero su amigo desvió la mirada. Esteban entendió que debía dejarlo solo un momento para que pudiera asimilar lo que habían hecho. Además, Esteban necesitaba liberar su tensión acumulada de toda la tarde.


    Con su rostro empapado en semen, Esteban se dirigió a la otra sección del baño y entró a una de las cabinas individuales. De pie, bajó su pantaloneta y sus pantaloncillos tan rápido como pudo. Ni siquiera cerró la puerta de la cabina, su prisa le exigía masturbarse inmediatamente. Su verga saltó al ser liberada nuevamente de la presión y Esteban la tomó firmemente con su mano derecha apretándola con mucha fuerza. Le dio varias sacudidas salvajes, necesitaba un orgasmo. Cerraba sus ojos con fuerza.


    Durante su masturbación, Esteban abrió levemente los ojos. Apenas reconoció la silueta de Camilo parado frente a él, abrió más sus ojos sorprendido y detuvo su masturbación. Camilo ya se había acomodado su ropa y lo estaba observando inmóvil mientras se masturbaba.


    Esteban no dijo nada, decidió continuar con su paja que estaba ya cerca de terminar. Siguió con su masturbación clavando su mirada en los ojos de Camilo. Ninguno parpadeaba. Ambos estaban conectados por sus ojos. Pronto, Esteban llegó al orgasmo más intenso que hubiera sentido. Sus gestos de placer, los movimientos de su cuerpo, sus suspiros de agotamiento, el sudor en su rostro y sus ojos que revelaban cansancio, todo quedó registrado en la mirada atenta de Camilo que fue testigo del momento íntimo de Esteban.


    Esteban llenó su mano rápidamente con su semen. El orgasmo duró demasiado, lo había dejado agotado. Pasaron unos instantes y Esteban empezó a cambiar su percepción de la situación. Sintió un poco de vergüenza por haberse masturbado frente a su amigo y acomodó nuevamente su ropa para cubrir su desnudez.


    Salió de la cabina y caminó por el lado de Camilo hacia los lavamanos. Se lavó su rostro llevándose con el agua el semen de Camilo, su propio sudor y el aroma de los pantaloncillos de Andrés y Mario. Se lavó las manos que habían tenido contacto con las partes intimas de su amigo y se lavó la boca prometiéndose nunca olvidar el sabor de su verga.


    Camilo lo había seguido pacientemente y estaba de pie junto a él. Lo observaba en total silencio. Esteban terminó de lavarse y se incorporó quedando frente a su amigo. Lo miró a los ojos, no sabía que decirle. Camilo tampoco lo sabía. Para Camilo, él y su amigo habían sido traicionados por sus hormonas y su encuentro no significaba ningún tipo de inclinación homosexual. La sucesión de eventos del día los había llevado a realizar actos de adolescentes que deberían quedarse en lo más profundo de sus secretos. Sentía algo de culpa y algo de alivio al pensar que la compartía con Esteban.


    Para Esteban, el sexo oral con Camilo no había sido suficiente. Por ahora debería actuar como si estuviera igualmente sorprendido, pero ya llegaría el momento de enseñarle a su amigo lo que es gozar en el cuerpo de otro hombre; y de convencerlo de la libertad de experimentar que se pueden dar los adolescentes, sin que ello comprometa su identidad en el futuro.


    Fin


    Les agradezco por haber leído mi relato y me gustaría escuchar sus comentarios, los pueden enviar a esteban986b@yahoo.com


    Gracias:


    Esteban



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